BIOGRAFIA

La idea y el proyecto

Este grupo nace de los viajes y de la experiencia de cinco músicos sobre una reflexión que navega, como la historia, en un devenir oriente-occidente para configurar un mosaico sonoro que se nutre de múltiples experiencias. Los flujos de la cultura fueron configurando las músicas del mundo y desde Asia Menor hasta Latinoamérica, los ritmos y las cadencias melódicas y tímbricas fueron sedimentando, con formas particulares, un espectro sonoro, que sobre todo en sus ritmos, expresa un sentir común. Seis octavos del campo kurdo de Siria es un capricho para Citrus, que se torna pasacalles de otra parte para cerrarse, por qué no, en un kalejira de los vascos de Vizcaya. Y no pasa nada, se fluye porque el pálpito es el mismo aquí y allá.

Los músicos

Los componentes de Citrus conocen bien las músicas campesinas, a veces urbanas, aunque populares y por ello sus aportaciones beben de la mismísima fuente de la raíz. He ahí la diferencia, esta gente sabe con lo que juega. Bea Aguiar nació en el Uruguay, pero se vino para Amsterdam desde donde distribuye, con su voz, el espectáculo latino de la vida, jugando entre candombes y joropos con la y griega que silba, entre sus labios de mandarina, como si nada; Fran Lasuen, histórico violinista de Oskorri y otros grupos sagrados de la historia musical vasca, baja de su señorío de Amorebieta con violín en ristre y un bombo gitano o cualquier otra percusión para marcar ¡Bat, bi, hiru!; Gani Mirzo, cerca de la rambla barcelonesa sueña la infancia de niño kurdo que acabaría en el trapecio del laúd, saz, balama y los cordófonos mágicos del Este, hasta conducirle a las mil y una noches de Ziriab y los compositores de la magia de Al Andalus; Josean Martín, a caballo entre Gascuña y Guipuzcoa blande sus armas de cistros, guitarras y bouzukis endulzando de armonía el Citrus más internacional y ácido; por fin Manuel Luna canta en una ciudad invisible que a ratos se asoma a la bahía de Santander para entonar una montañesa, bailar al estrépito de una seguidilla manchega o adormecerse en compañía de su guitarra murciana, mayor y barroca. Precisamente desde aquí Citrus puede moverse a cualquier destino. En las últimas jornadas el grupo sucumbió ante el encanto del canto alentejano portugués o el jarocho mejicano. Mañana, quién sabe.